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miércoles, 25 de enero de 2012

Historia extra: Capítulo 4

Era el momento... El momento menos deseado que me había ocurrido jamás...
Estaba delante de la puerta, antes de tocarla, me lo pensé varias veces, pero recordé a Peach y me lancé a ello. Toqué el timbre y...
Nadie abría.
Me extrañé, pues a esas horas solían estar en casa. Volví a tocar repetidas veces, pero nada, nadie abría.
Me asomé por una ventana que había al lado de la puerta, todo estaba a oscuras... ¿Quizás sea que hayan salido? Puede que sea posible.


Al cabo de un rato, me fuí al parque a dar un paseo, también así aprovechaba a ver si estaban por allí...
No vi a nadie.
Sólo a Estela coqueteando con un chico.
Era bastante guapo. Alto, pelo corto, rubio, ojos azules... Tampoco me paré a fijarme mucho, tenía prisa para buscar a esos dos y plantarles cara. Pero no los encontré, busqué por todo el parque, y nada, parecía como si se hubieran esfumado... 
Decidí irme, e iría a buscarles mañana.
Pero por el camino de vuelta a casa me crucé con ellos.
Mario y... Luigi.
Mario parecía triste, y Luigi ni me miró. Pero antes de que se fuesen por su camino, me armé de valentía y me puse delante de ellos.
Se pararon y no me dijeron nada. Sólo Mario me miró con cara triste. Parecía que hubiese llorado toda la noche. No le hice el mas mínimo caso a Luigi, cogí a Mario del brazo, y me lo llevé a un banco para que me explicase todo lo que había pasado entre él y Peach. Y Luigi... Sólo se quedó allí plantado, sin decir nada, como si no hubiera cogido a Mario ni me lo hubiese llevado a un banco. Y pensé: Mario, menudo hermano que tienes, que no se preocupa por ti. Luego, pensé que podía ser que no quería tener más problemas con migo, y que por eso no se metió en el asunto. Después de todos esos pensamientos, Mario me miró y dijo:
-Daisy, ¿Qué es lo que quieres?
Le dirijí una mirada como diciendo: ¿Es obvio no? Pero sólo le dije:
-Cuéntame lo que ha pasado entre tú y Peach, porfavor.
-¿Y porqué te lo debería de contar?
-Pues sencillo, porque Peach es mi amiga y me preocupo por ella.
-Bueno, te lo contaré, de todos modos, no pierdo nada.